Cada barrio es una historia.
Donde viven los que eligieron quedarse cerca del centro sin renunciar a los árboles. La comuna que tiene todo, pero sin apurarse.
Diez cuadras donde caben una librería de usados, tres galerías y el mejor café de la ciudad. El barrio que Santiago cuida como si fuera frágil.
Llegaron los anticuarios, después los diseñadores, después los restaurantes. Hoy es el barrio que más se parece a lo que Santiago quiere ser.
El barrio que existía antes de que Santiago fuera ciudad. Todavía tiene esa memoria en las fachadas y en la gente.
De día es tranquilo. De noche cambia de cara. Neruda vivió aquí y algo de eso quedó en el aire.